NO ME LEAS



NO ME LEAS

Así funciona la primera ley fundamental de seducción. Yo te digo que no me leas, y aquí estás. Pero es que si voy a más y te digo que no te interesa nada de lo que te voy a contar, que esto no es para ti y que lo dejes ahora mismo seguirás atado a estas líneas hasta que las acabes. Porque si me haces caso y no lo lees, las dudas te asaltarán (¿y si al final decía algo interesante? ¿y si en realidad era para mi? ¿y si no lo era, qué les dice a los demás?
¿y por qué ha considerado que no era para mi?) y serán mucho más difíciles de soportar que el tiempo que tardarás en leerme.


Risto Mejide


28 de febrero de 2012

Hacía calor

Hacía calor. Mucho. Ese calor que amortigua la vida, que la hace más lenta, más pesada. Ese calor en el que las extremidades flotan, grávidas, zigzagueando sin rumbo. Mi cuerpo, al desplazarse, era una extraña aleación de plomo y material maleable, que golpeaba y cortaba el aire, que pesa y tropieza por arrastrar las cadenas de algún castigo. Las copas de los chopos ardían en llamas en varias tonalidades naranjas. Las farolas, incandescentes, se doblegaban impotentes, apenadas, hasta besar el asfalto, ese río de magma con olor a petróleo. Las alcantarillas escupían gases volcánicos que serpenteaban hasta mezclarse en el ambiente. Tórrido. Sofocante. Y yo no dejaba de ser un gramo de mantequilla en una sartén gigante. Me derretía en un extraño baile. El desasosiego cogió de la mano al día y caminaron juntos. Y la gente se movía, y yo lento, caminaba, sudaba y huía.

4 comentarios:

Alba dijo...

Bienvenido al infierno.

Anónimo dijo...

Esa sería la idea, supongo.

Anna dijo...

Danzabas el baile de la muerte,
y ansiabas marchar, desertar, huir de una vez.

midala dijo...

Tanto calor...agobia y no deja pensar :):)Besos, te sigo