A veces me imagino en una larga y sinuosa cola de personas que adorna alguna montaña. Probablemente alguna del Norte. Apartada de cualquier civilización. La conformamos personas consumidas, lejanas a aquello que deseamos llegar a ser, sumidas en nuestro propio caos. Nos miramos unos a otros con el mismo desprecio que un suicida lo hace por la vida. Sobre nosotros se cierne una capa de desconcierto e inseguridad.
El cielo descascarillado es de color morado y tiembla mientras nosotros esperamos que pase algo con carácter relevante. A medida que avanzamos obtenemos resultados. Sin saber el cómo, aunque sí el por qué amanecemos con
tres flechas verdes cerrando un triángulo tatuando nuestras frentes que cedieron al paso del tiempo. Al instante piensas en el daño que produce tanto tiempo en cuarentena y piensas: Recíclate.
Luego me despierto.
5 comentarios:
Yo no creo que sea parte de tu imaginación, parece mas bien la pesadilla que perseguia entre sombras al lobo estepario de Hesse.
Está claro que debemos reciclarnos y aprender de nuestros propios errores. La sensación mezclada de angustia, ansiedad, tristeza y descontento nihilista, no lleva a ninguna parte si no sirve para evolucionar.
Muchos besos.
Una pistola sin balas deconstruida en el color del mar verde moco de Joyce para un suicida imaginario...
Pues si es un sueño, por dios, será que es una señal...
Besos
todos sentimos algo así (creo)
Mili
El rebaño de ovejas depresivo sin rasgo distintivo.
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